Estaba mirando mi perfil en este blog y me he dado cuenta de una cosa: Digo que voy a hablar de algo en particular y al final hablo de lo primero que se me ocurre. Y pienso yo, para eso es mi blog ¿no?. En fin, cuando estudié historia del arte en el instituto una escultura llamó mi atención: "Laocoonte y sus hijos".
Perteneciente al período helenístico griego y hecha en mármol blanco es la escultura que culmina con dicho período artístico en un grado de barroquismo brutal. Como casi todo lo que se hacía en la antigua Grecia, esta obra es de carácter mitológico. Laocoonte (personaje central en la escultura) fue un sacerdote troyano de Apolo que fue castigado por los dioses a morir estrangulado por dos serpientes marinas junto a sus dos hijos, ya que se negó a aceptar el regalo de los griegos; el conocido Caballo de Troya, declarando: "no os fieis de los griegos ni siquiera cuando os traigan regalos". Lo mas impresionante de esta escultura, para mi, no sólo es la crueldad con la que los antiguos dioses castigaban a los humanos sino como se aprecia la tensión y el dramatismo en los rostros de Laocoonte y sus hijos. Aparte de apreciarse esa tensión e inestabilidad, también podemos observar la impotencia de Laocoonte por no poder salvar a sus hijos de dicho castigo divino. Es impresionante como el rostro esculpido refleja los sentimientos de una manera muy real.
Y de un troyano castigado por Dioses a una diosa que fue la causante de la guerra de Troya: Helena. En una de sus múltiples metamorfosis, esta vez en cisne, Zeus raptó a Leda quién puso varios huevos. De uno de ellos nació Helena de Troya quién fue raptada por Paris, príncipe de Troya. A raíz de ese rapto, comenzó la guerra de Troya. Helena es un personaje que ha sido mencionado cientos de veces en la historia de la literatura. Y una de esas menciones me lleva a un poema en particular de William Buttler Yeats, "Leda and the Swan" ("Leda y el Cisne"):
Una ráfaga súbita: las magnas alas desplegadas
sobre la doncella vacilante, los muslos acariciados
por las negras palmas, en el cuello el pico preso;
indefensa y sujeta pecho contra pecho.
¿Cómo pueden esos frágiles dedos aterrados
defender los mansos muslos de la gloria alada?
Y ante ese blanco torrente un cuerpo así tendido,
¿qué hace salvo sentir el palpitar desconocido?
Un espasmo en la entrepierna concibe
el muro caído, el techo y la torre ardiendo,
a Agamenón y su muerte.
Tan impotente,tan rendida ante el brutal hijo del aire,
¿Unió ella al recibirlos el saber y el poder
antes de que el indiferente pico la dejara caer?
Si en este caso, literatura, arte y mitología son fascinante por separado, en su conjunto es algo que no tiene descripción alguna.
